Nos trasladamos a Indonesia, más concretamente, al norte de Sumatra. Allí reside un simpático anciano llamado Anwar Congo que es muy respetado por la sociedad - no tienen más remedio, puesto que Congo es un gángster y les pide ''el diezmo'' de vez en cuando- y relata, junto con otros de su misma condición, torturas a las que sometía a comunistas y chinos (en su mayoría) durante los 60.
Anwar (con un gran parecido a Nelson Mandela, quizás el primo de Sumatra) es un reputado miembro de la organización paramilitar Pemuda Pancasila, que tiene 3 millones de afiliados y que funciona como una especie de ''Juventudes Hitlerianas asiáticas'', concienciando a los jóvenes que chino que vean, chino al que le tienen que pedir dinero o matarlo si se pone chulo. ¿Bruce Lee por qué te fuiste?.
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| Anwar Congo cual C. Eastwood en El sargento de hierro |
Esta historia oscila entre la ficción y la realidad, un retrato agridulce de una degeneración macabra en tono humorístico que hace de un drama, una sublime tragedia. En ocasiones, su visionado se vuelve redundante porque muchas ideas se van repitiendo una y otra vez, llegando a la tediosidad en algunos momentos claves.
El filme es un baile de personajes variopintos y descarados, transformados al más puro estilo John Waters. Disfrazados todos para enfrentarse a una realidad social conocida y aceptada, bailando alrededor de la muerte cual danza medieval e ironizando sobre la tortura.
Está producida por Werner Herzog, autor de Aguirre, la cólera de Dios (no, no tiene nada que ver con nuestra autóctona Esperanza, aunque podría asemejarse) y GRAN AMIGO de Klaus Kinski, actor que lo único bueno que hizo fue a su desafortunada hija.
El director es Joshua Oppenheimer, documentalista nominado al Óscar por esta misma película en 2012. La influencia de Herzog es innegable en los planos y la violencia descarnada de las películas exploitation figuran en la mayoría de las escenas.
El homenaje al cine está presente con ''las recreaciones gangsters'', la admiración de Congo por el gran Marlon Brando y el cine, que, francamente, ayudaría a la filmación del documental sin trabas de más.
Y hablando de trabas.
En los títulos de crédito podemos ver que casi todo el equipo técnico figura como ANÓNIMO. Debemos imaginar el miedo que tuvieron que pasar en esas grabaciones, agravadas por ese clima húmedo y sofocante. Está claro que aquí se la jugaron.
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| Ejecutado dando las gracias a Congo por asesinarlo y llevarlo al paraíso |
La fotografía deambula entre el esperpento ( hecho a conciencia basándose en los pobres medios indonesios) que contrasta con la iluminación del propio medio natural y la incidencia de esta en los propios sentimientos de los personajes, desvinculándose así del encuadre perfecto.
La película tiene perlitas como ''exterminaremos a comunistas, pero de forma más humana'', ''esa chica es guapa, pero se tiñe de rubia y así parece una puta'', '' a veces la violencia es necesaria'' y mi favorita sobre todas las cosas: ''gangster significa hombre libre''. Quizás esta última frase, que se repite hasta la saciedad en el documental, sea la clave para entenderlo todo.
En definitiva, The Act Of Killing es una película redentora, de esas con que callar la boca a la vecina del tercero si se pone pesada. Espero que el régimen indonesio no me persiga por haber escrito estas líneas.


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