domingo, 14 de septiembre de 2014

La prima Angélica (1973)

Hablar de Saura, es hablar del mayor cine introspectivo español. Hoy quería destacar La prima Angélica que ganó su premio especial en Cannes y todo. Quizás no es una de sus obras más notables ni representativas porque reitera (¡qué novedad¡) el tema del trauma por la guerra civil española.

La película es protagonizada por un siempre excelente José Luis López Vázquez, aquí encarna a Luis/Luisito, un hombre que va de Madrid al campo para velar a su madre, recientemente fallecida y allí empieza a recordar su infancia, la guerra y a su primer amor - que da título al filme- de manera agridulce.

El flash-back está presente en todo momento. Es un recurso psicoanalítico que nos responde a la actitud ante la vida que actualmente tiene Luis respecto a lo que le rodea.

El simbolismo está muy presente en la obra, lo onírico entremezclado con los recuerdos de la época bélica nos ayudan a comprender ''la castración sentimental'' que sufre el personaje de Luis a cuenta de su familia. Él es hijo de ''la ideología política equivocada'' y de él deriva todo lo malo, no hay redención. Lo único que hay es castigo y cabeza gacha. El padre de Angélica ve en él al enemigo, la personificación de todo mal.

 
Luisito y Angélica dando una vuelta en bici ante la hostilidad de la guerra




La cargazón religiosa de la película es una constante:  desde el cura que les hace reflexionar a cada momento de su vida estudiantil con LA MUERTE hasta esa monja con estigmas, la cual, podemos relacionar con esa carga de culpa interior a la que somete el cristianismo más demoledor, exteriorizada con la sangre a lo Santa Rita de Casia.

Las situaciones ''profanas'' con las que se encuentra Luisito en su preadolescencia, le cohíben de su verdadero ser y hace que el recuerdo del niño/adulto adquiera límites difusos, de ahí que el Luis adulto se represente como el Luisito niño. Este recurso de hacer que el personaje ''no es el que esperamos'', es decir, un niño haciendo el papel de un adulto o viceversa, un mismo personaje que cambia de físico o incluso de género; es utilizado por Buñuel en Ese oscuro objeto del deseo (1977) y más adelante por el director norteamericano Todd Solondz en Palíndromos (2004). Vemos aquí que la evolución de niño a adulto no ha cambiado, por eso el personaje tampoco cambia en el flash back.


La monja estigmatizada personificada en pesadilla

La guerra como escenario nos centra en una situación incomprendida por la infancia. Los niños no entienden muy bien qué sucede y de que manera afrontar algo que no va con ellos. ¿Buenos? ¿malos? ¿quién puede delimitar eso?. El miedo y la culpa son los temas fundamentales de una película desgajada por un amor correspondido a medias e ilícito. Una mera ilusión.

Curiosamente, la película está dedicada a Chaplin y Oona O'neill, padres de su pareja por aquel entonces, Geraldine Chaplin.

jueves, 11 de septiembre de 2014

Contact Proof

Cuando hablamos de Contact Proof, nos referimos a un proyecto homenaje. Es de esos documentales que se empiezan un poco porque sí, sin tener una documentación completa y sin saber muy bien hacia donde dirigir cada uno de los ''objetivos perdidos'' que pretende recrear la película.

Todo comienza con el descubrimiento de unas cajas con negativos que se encuentran dentro de un camión en un pueblo de 30 habitantes del Bajo Aragón. Hasta aquí todo muy sutil. Esos negativos pertenecen al fotógrafo francés Pascal Le Pipe, los cuales, ¿dejó olvidados? por esos lares.

El director Juanjo Giménez lo dispone todo rapidamente para redescubrir los lugares y a las personas que pasaron ante la cámara del galo, por eso va hasta Nueva York para encontrarse con unos colegas que vivían por allí y emprender el viaje con todo su equipo técnico hasta Texas, yeah, Texas (como dirían ACDC) y hacer su particular road movie pasando por la América más profunda y desolada, con paisajes que recuerdan a París, Texas o a algún videoclip de Depeche Mode.


Uno de los lugares tejanos por los que pasó Pascal Le Pipe


Han pasado 20 años desde que Pascal pasó por estos lugares y la esencia no ha cambiado...pero si ha transmutado en una especie de soledad y añoranza arrastrada por las continuas modificaciones que han herido la esencia original con la que el director jugaba desde el principio.

Juanjo Giménez nos adentra en una narración caótica, sin una concienciación previa del ''supuesto viaje iniciático'' al que pretende someternos. Es una reverberación del todo y nada. A veces nos da la impresión de que la historia nos esconde algo tras el viaje, aunque no hay respuestas claras, bueno sí, muchísima pasta gastada por el camino...

Al final, volvimos al punto de partida de la película donde nos encontramos a uno de los protagonistas fotografiados por el francés, que nos toca en el piano una canción como pésame a aquel joven que murió haciendo deporte de riesgo (el mismo Pascal).

La moraleja de esta historia podría ser aquella frase del poeta que decía algo así como ''aquel lugar en el que fuiste feliz, jamás has de volver''. Una verdad indecorosa, pero verdad al fin y al cabo.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

The Act of Killing o el arte del gran aplauso

Catalogar esta peli documental es bastante complejo. Comenzar a verla es sumergirte en un mundo onírico y fantasioso, cuya simplicidad choca de bruces con una historia tan brutal como realista.

Nos trasladamos a Indonesia, más concretamente, al norte de Sumatra. Allí reside un simpático anciano llamado Anwar Congo que es muy respetado por la sociedad - no tienen más remedio, puesto que Congo es un gángster y les pide ''el diezmo'' de vez en cuando- y relata, junto con otros de su misma condición, torturas a las que sometía a comunistas y chinos (en su mayoría) durante los 60.

Anwar (con un gran parecido a Nelson Mandela, quizás el primo de Sumatra) es un reputado miembro de la organización paramilitar Pemuda Pancasila, que tiene 3 millones de afiliados y que funciona como una especie de ''Juventudes Hitlerianas asiáticas'', concienciando a los jóvenes que chino que vean, chino al que le tienen que pedir dinero o matarlo si se pone chulo. ¿Bruce Lee por qué te fuiste?.

Anwar Congo cual C. Eastwood en El sargento de hierro


Esta historia oscila entre la ficción y la realidad, un retrato agridulce de una degeneración macabra en tono humorístico que hace de un drama, una sublime tragedia. En ocasiones, su visionado se vuelve redundante porque muchas ideas se van repitiendo una y otra vez, llegando a la tediosidad en algunos momentos claves. 

El filme es un baile de personajes variopintos y descarados, transformados al más puro estilo John Waters. Disfrazados todos para enfrentarse a una realidad social conocida y aceptada, bailando alrededor de la muerte cual danza medieval e ironizando sobre la tortura.

Está producida por Werner Herzog, autor de Aguirre, la cólera de Dios (no, no tiene nada que ver con nuestra autóctona Esperanza, aunque podría asemejarse)  y GRAN AMIGO de Klaus Kinski, actor que lo único bueno que hizo fue a su desafortunada hija.

El director es Joshua Oppenheimer, documentalista nominado al Óscar por esta misma película en 2012. La influencia de Herzog es innegable en los planos y la violencia descarnada de las películas exploitation figuran en la mayoría de las escenas.

El homenaje al cine está presente con ''las recreaciones gangsters'', la admiración de Congo por el gran Marlon Brando y el cine, que, francamente, ayudaría a la filmación del documental sin trabas de más.

Y hablando de trabas.

En los títulos de crédito podemos ver que casi todo el equipo técnico figura como ANÓNIMO. Debemos imaginar el miedo que tuvieron que pasar en esas grabaciones, agravadas por ese clima húmedo y sofocante. Está claro que aquí se la jugaron.

Ejecutado dando las gracias a Congo por asesinarlo y llevarlo al paraíso


La fotografía deambula entre el esperpento ( hecho a conciencia basándose en los pobres medios indonesios) que contrasta con la iluminación del propio medio natural y la incidencia de esta en los propios sentimientos de los personajes, desvinculándose así del encuadre perfecto.

La película tiene perlitas como ''exterminaremos a comunistas, pero de forma más humana'', ''esa chica es guapa, pero se tiñe de rubia y así parece una puta'', '' a veces la violencia es necesaria'' y mi favorita sobre todas las cosas: ''gangster significa hombre libre''. Quizás esta última frase, que se repite hasta la saciedad en el documental, sea la clave para entenderlo todo.

En definitiva, The Act Of Killing es una película redentora, de esas con que callar la boca a la vecina del tercero si se pone pesada. Espero que el régimen indonesio no me persiga por haber escrito estas líneas.